El gobierno nacional busca imponer una reforma laboral bajo la retórica de la “modernización”. Sin embargo, se esconde un programa que persigue abaratar el trabajo, facilitar el despido, descentralizar y fragmentar la negociación colectiva y limitar el poder de los sindicatos. La experiencia internacional —y la propia historia argentina— demuestra que las reformas flexibilizadoras no generan más empleo ni reducen la informalidad, por el contrario, amplían la desigualdad y precarizan el trabajo.
⚡ El gobierno busca consolidar por vía legal una reforma laboral que ya está en marcha. No se trata solo de resistir la pérdida de derechos, sino de ampliar su alcance.
La reforma laboral se viene instalando de hecho sin necesidad que fuera votada en el Congreso sino impuesta por la dinámica del capitalismo contemporáneo. Las transformaciones tecnológicas, la financiarización y los nuevos modelos de negocio redefinieron el mercado laboral, multiplicando formas de trabajo que operan por fuera del marco de la Ley de Contrato de Trabajo. Defender los derechos existentes es indispensable, pero también es urgente imaginar nuevas instituciones que reconozcan y protejan al conjunto del trabajo en sus formas actuales.
🌎 Debemos convocarnos a desarrollar nuestra imaginación construyendo los derechos y las instituciones laborales que el presente y futuro de la Argentina necesita
En un capitalismo de base rentista, que ha llevado la desigualdad a niveles extremos y concentrado la riqueza desarmando todo piso común de ingresos, es necesario comprender que la reforma laboral, la reforma tributaria y la reforma previsional deben integrarse en una misma agenda. Esa agenda debe orientarse a disputar la distribución del ingreso y la riqueza, revalorizar el trabajo y recomponer los derechos sociales que fueron desmantelados en las últimas décadas.
Para ello, se requiere construir pilares universales de garantía de ingresos, provisión de derechos básicos —salud, previsión y cuidados— y asegurar una corresponsabilidad empresarial y estatal en el financiamiento, de modo que la tutela laboral pueda extenderse más allá del empleo asalariado formal.
Cumplir con estos objetivos exige un conjunto de transformaciones estructurales:
1) Gravar las grandes fortunas, las rentas extraordinarias y las ganancias de las principales corporaciones, avanzando hacia un sistema tributario verdaderamente progresivo.
2) Reducir la jornada laboral y reorganizar los tiempos entre trabajo y formación, tanto para poner fin a las formas de sobreexplotación como para crear los mecanismos que permitan redistribuir el excedente derivado del cambio tecnológico reorganizando los tiempos de trabajo y formación.
3) Universalizar ingresos, derechos y seguridad social, limitando la capacidad del capital de ejercer su extorsión estructural sobre el conjunto de la sociedad.
Diez propuestas de políticas públicas para un nuevo esquema de relaciones laborales con ampliación de derechos
El gobierno nacional busca imponer una reforma laboral bajo la retórica de la “modernización”. Sin embargo, se esconde un programa que persigue abaratar el trabajo, facilitar el despido, descentralizar y fragmentar la negociación colectiva y limitar el poder de los sindicatos. La experiencia internacional —y la propia historia argentina— demuestra que las reformas flexibilizadoras no generan más empleo ni reducen la informalidad, por el contrario, amplían la desigualdad y precarizan el trabajo.
⚡ El gobierno busca consolidar por vía legal una reforma laboral que ya está en marcha. No se trata solo de resistir la pérdida de derechos, sino de ampliar su alcance.
La reforma laboral se viene instalando de hecho sin necesidad que fuera votada en el Congreso sino impuesta por la dinámica del capitalismo contemporáneo. Las transformaciones tecnológicas, la financiarización y los nuevos modelos de negocio redefinieron el mercado laboral, multiplicando formas de trabajo que operan por fuera del marco de la Ley de Contrato de Trabajo. Defender los derechos existentes es indispensable, pero también es urgente imaginar nuevas instituciones que reconozcan y protejan al conjunto del trabajo en sus formas actuales.
🌎 Debemos convocarnos a desarrollar nuestra imaginación construyendo los derechos y las instituciones laborales que el presente y futuro de la Argentina necesita
En un capitalismo de base rentista, que ha llevado la desigualdad a niveles extremos y concentrado la riqueza desarmando todo piso común de ingresos, es necesario comprender que la reforma laboral, la reforma tributaria y la reforma previsional deben integrarse en una misma agenda. Esa agenda debe orientarse a disputar la distribución del ingreso y la riqueza, revalorizar el trabajo y recomponer los derechos sociales que fueron desmantelados en las últimas décadas.
Para ello, se requiere construir pilares universales de garantía de ingresos, provisión de derechos básicos —salud, previsión y cuidados— y asegurar una corresponsabilidad empresarial y estatal en el financiamiento, de modo que la tutela laboral pueda extenderse más allá del empleo asalariado formal.
Cumplir con estos objetivos exige un conjunto de transformaciones estructurales:
1) Gravar las grandes fortunas, las rentas extraordinarias y las ganancias de las principales corporaciones, avanzando hacia un sistema tributario verdaderamente progresivo.
2) Reducir la jornada laboral y reorganizar los tiempos entre trabajo y formación, tanto para poner fin a las formas de sobreexplotación como para crear los mecanismos que permitan redistribuir el excedente derivado del cambio tecnológico reorganizando los tiempos de trabajo y formación.
3) Universalizar ingresos, derechos y seguridad social, limitando la capacidad del capital de ejercer su extorsión estructural sobre el conjunto de la sociedad.
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