La agenda de transformación regresiva avanza mientras el Gobierno pierde respaldo y el malestar social no encuentra todavía una representación política capaz de disputarle la iniciativa.
La discusión de la coyuntura argentina ya no se limita a la inflación, el dólar o el resultado fiscal. El Gobierno avanza con una reconfiguración profunda de las reglas laborales, tributarias, territoriales e institucionales, se consolidan privilegios de largo plazo para los grandes capitales y se debilitan las capacidades públicas para revisar esas decisiones en el futuro.
📌 El Súper RIGI extiende la lógica de enclave a las infraestructuras digitales estratégicas, con beneficios fiscales, cambiarios y regulatorios que no garantizan transferencia tecnológica, desarrollo de proveedores ni soberanía sobre los datos y capacidades que generan.
📌 La ofensiva sobre tierras, recursos naturales, la Vía Navegable Troncal del Paraná-Paraguay y el Mar Argentino compromete territorios, corredores logísticos e infraestructuras decisivas, en un escenario de creciente subordinación geopolítica a Estados Unidos.
📌 La reforma tributaria y la previsional que se preparan profundizan un reordenamiento regresivo: mientras se reducen impuestos sobre patrimonio, exportaciones y grandes empresas, la búsqueda de recursos se desplaza hacia asalariados, pequeños contribuyentes y consumos masivos.
📌 Al mismo tiempo, el Gobierno pierde respaldo social. La aprobación se estabiliza en torno al 35%–40%, la desaprobación supera mayoritariamente el 54%, siete de cada diez personas consideran que están peor que hace un año y el relato anticasta empieza a erosionarse bajo el impacto de los escándalos de corrupción.
Es la ausencia de una alternativa política y la crisis de representación institucional lo que le pone piso al desgaste oficialista frente al malestar y al cuestionamiento social. Es decir, la caída de Milei convive con una crisis de representación más amplia, atravesada por la desconfianza hacia las dirigencias, las instituciones, los medios, la Justicia y también los sindicatos.
La coyuntura, entonces, es estructural: lo que está en juego no es sólo el rumbo de los próximos meses, sino las condiciones que tendrá la Argentina para discutir otro modelo de desarrollo, distribución y soberanía.
Acompañamos el Apunte de Coyunturas de este mes con un Informe Integrado de Opinión Pública del IPyPP Data
La coyuntura es hoy más estructural que nunca
La agenda de transformación regresiva avanza mientras el Gobierno pierde respaldo y el malestar social no encuentra todavía una representación política capaz de disputarle la iniciativa.
La discusión de la coyuntura argentina ya no se limita a la inflación, el dólar o el resultado fiscal. El Gobierno avanza con una reconfiguración profunda de las reglas laborales, tributarias, territoriales e institucionales, se consolidan privilegios de largo plazo para los grandes capitales y se debilitan las capacidades públicas para revisar esas decisiones en el futuro.
📌 El Súper RIGI extiende la lógica de enclave a las infraestructuras digitales estratégicas, con beneficios fiscales, cambiarios y regulatorios que no garantizan transferencia tecnológica, desarrollo de proveedores ni soberanía sobre los datos y capacidades que generan.
📌 La ofensiva sobre tierras, recursos naturales, la Vía Navegable Troncal del Paraná-Paraguay y el Mar Argentino compromete territorios, corredores logísticos e infraestructuras decisivas, en un escenario de creciente subordinación geopolítica a Estados Unidos.
📌 La reforma tributaria y la previsional que se preparan profundizan un reordenamiento regresivo: mientras se reducen impuestos sobre patrimonio, exportaciones y grandes empresas, la búsqueda de recursos se desplaza hacia asalariados, pequeños contribuyentes y consumos masivos.
📌 Al mismo tiempo, el Gobierno pierde respaldo social. La aprobación se estabiliza en torno al 35%–40%, la desaprobación supera mayoritariamente el 54%, siete de cada diez personas consideran que están peor que hace un año y el relato anticasta empieza a erosionarse bajo el impacto de los escándalos de corrupción.
Es la ausencia de una alternativa política y la crisis de representación institucional lo que le pone piso al desgaste oficialista frente al malestar y al cuestionamiento social. Es decir, la caída de Milei convive con una crisis de representación más amplia, atravesada por la desconfianza hacia las dirigencias, las instituciones, los medios, la Justicia y también los sindicatos.
La coyuntura, entonces, es estructural: lo que está en juego no es sólo el rumbo de los próximos meses, sino las condiciones que tendrá la Argentina para discutir otro modelo de desarrollo, distribución y soberanía.
Acompañamos el Apunte de Coyunturas de este mes con un Informe Integrado de Opinión Pública del IPyPP Data
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