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Dada la opción de política económica adoptada por el gobierno, es difícil pensar que la economía argentina pueda finalizar el 2017 con una performance positiva importante.

Habiendo decidido que -vía techo a las paritarias-, la recuperación del salario real y del consumo no ocuparán el papel central en la recuperación económica. Además, manteniendo las tasas de interés que requiere el plan de metas de inflación que sigue el Banco Central, en el mejor de los casos, la recuperación esperable -a partir de la mayor obra pública y de los estímulos recibidos por los sectores ganadores de este modelo (agro, energía, transporte, finanzas)-, será similar a la  caída que el PBI tuviera en el 2016.

Así las cosas, observando el cuadro que adjuntamos, surge que al finalizar el 2017, el PBI por habitante se ubicaría un 2% abajo del existente a fines del 2015. En tanto y en cuanto, el PBI por habitante es un promedio y habida cuenta del proceso de redistribución del ingreso con impacto regresivo generado por el gobierno desde el 2015 (3 puntos menos de participación de la masa salarial en el PBI), es obvio que la caída generada tendrá un mayor impacto en los sectores más postergados.

Lo expuesto explica por qué, más allá del esfuerzo de los funcionarios por demostrar cuánto mejor estamos, las mejoras no se notan. No se notan porque no están. La política oficial ha achicado los ingresos disponibles para cada habitante de nuestro país, y, en ese marco, algunos compensan esa situación apropiando ingresos a expensas de los demás.

Evolución del PBI y PBI per cápita durante el 2016. Proyección para el año 2017.

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