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Presentamos dos informes, uno que analiza en detalle el resultado fiscal del primer trimestre y otro que acumula la situación fiscal hasta abril, elaborados por el equipo de investigadores del Instituto de Pensamiento y Políticas Públicas (IPYPP), fundado por Claudio Lozano y que coordina actualmente Ana Rameri.

Los mismos permiten observar las diferencias sustantivas entre el comportamiento fiscal de los meses de enero y febrero y lo que ocurre en marzo y abril.

Los primeros dos están gobernados por la estrategia oficial que combinaba la decisión de priorizar la renegociación de la deuda como condición para poder desplegar una estrategia de reactivación, lo cual implicaba poner en marcha un cambio paulatino en el esquema de precios relativos (congelamiento del tipo de cambio, de tarifas y baja en la tasa de interés) manteniendo una estrategia de austeridad fiscal caracterizada por una mayor progresividad tributaria y la suspensión de la fórmula de movilidad jubilatoria.

Esta estrategia se materializó con la sanción de la Ley de Solidaridad y Reactivación Productiva. Los efectos de lo expuesto se expresaron en la mejoría de la recaudación de Bienes Personales, del nuevo impuesto solidario al atesoramiento de divisas y limitando la caída de ganancias, mientras que el mantenimiento del proceso recesivo se evidenció en la caída del IVA y de los impuestos internos.

También en estos dos meses se observan los impactos del incremento del gasto en prestaciones sociales en el marco de una decisión que, si bien intentaba recomponer la situación social heredada del macrismo, lo hacía intentando dar señales de austeridad fiscal (suspensión de la movilidad).

En marzo, las cosas comienzan a cambiar drásticamente y la citada tendencia se profundiza en abril.

Los efectos de la Pandemia y la cuarentena que esta impone, impactan derrumbando la recaudación y obligando a abandonar la austeridad fiscal para -por vía de la expansión de las prestaciones sociales- contener los efectos de la paralización de la actividad económica.

La decisión oficial de priorizar la Salud Pública obliga a un viraje en la estrategia fiscal frente a la necesidad de utilizar las herramientas del Estado para intentar sostener las condiciones de vida de la población. De este modo, el mes de abril acumula el mayor déficit primario como resultado de la caída de la recaudación y el aumento de los gastos corrientes en un contexto donde pierden peso en el mes los pagos de intereses por deuda.

De este modo, y a diferencia de lo que ocurría con la experiencia macrista donde el déficit financiero global se explicaba casi exclusivamente por los pagos de intereses de la deuda pública, el acumulado del primer cuatrimestre y en particular el mes de abril evidencia que el déficit primario resultado del aumento del gasto asociado a atender la emergencia sanitaria es el que prima (y no los pagos por deuda) a la hora de explicar el déficit financiero (global).

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