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Nueva entrega del Boletín Sociolaboral con información de la EPH actualizada al 3er trimestre 2021. En esta ocasión su lectura resulta fundamental para comprender el marco social sobre el que busca inscribirse un acuerdo con el FMI. Los resultados del informe permiten ver con claridad que la condición de vida precaria es el rasgo común que recorre cada uno de los órdenes e instituciones de la vida social. Adelantamos sólo algunas de las observaciones del trimestre:

· Trabajo: La presión sobre el mercado laboral, que supera a la desocupación, alcanzó al 24,7% de la PEA mientras la disponibilidad de la fuerza de trabajo fue del 31,3%. La precarización trepó al 46,4% de la fuerza laboral. Casi 8 de cada 10 trabajadores jóvenes tienen inserciones laborales precarias.

· Salarios: los ingresos laborales promedio rondaron los $47.153 mensuales. Al contrastarlos con las canastas básicas surge que el 27,8% de los/as trabajadores/as son pobres y el 4,8% son indigentes. El 36,1% de los/as trabajadores/as gana menos que el salario mínimo (el 27,3% en el caso de los varones y 47,5% en el caso de las mujeres).

· Política de ingresos: Una cuarta parte de la población vive en hogares que reciben transferencias del Estado dirigidas a sectores de bajos ingresos, sin embargo, lejos están de asegurar que ningún hogar pase hambre o supere la situación de pobreza. Los subsidios sólo representan el 16,7% del ingreso total familiar.

Luego de un año de recuperación vertiginosa de la actividad del 11,8%, la pobreza se mantiene al 3er trimestre (38,1%) prácticamente en el mismo nivel que un año atrás (38,7%) y se sostiene la inmoralidad de que la mitad de nuestros pibes y pibas sean pobres (el 52,2%). La experiencia histórica indica que la exigencia de ahorro fiscal, austeridad monetaria y aceleraciones devaluatorias tienen un correlato de agravamiento en las condiciones de vida de la población. Las promesas oficiales de ajustar sin ajustar son, por lo menos, inciertas y desconocen el hecho de que no existe margen para ensayar alquimias macroeconómicas en una sociedad fuertemente golpeada.

Es imprescindible también generar una política de ingresos que supere el esquema fragmentado y focalizado de la política social vigente, a fin de fijar un umbral de dignidad para el conjunto de la sociedad, garantizando asimismo el establecimiento de un piso salarial verdaderamente efectivo, que favorezca la capacidad de discusión del conjunto de trabajadores/as, contribuyendo a revertir los crecientes niveles de desigualdad y concentración de la riqueza.

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