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Informe elaborado por Claudio Lozano junto a las investigadoras Ana Rameri y Sonia Balza.

El trabajo que aquí presentamos estudia los cambios vividos en la composición de la fuerza laboral durante el período 2008-2018. En un momento donde se profundizan los procesos de desasalarización y se expanden las formas laborales del cuentapropismo, el examen del mismo indica que al interior de esas relaciones autónomas crece una nueva modalidad de precarización de la fuerza laboral íntimamente asociada al proceso de acumulación dominante en nuestra economía. Este material relativiza y acota aquellas interpretaciones que asocian rápidamente el desarrollo del cuentapropismo con la vigencia de un dualismo estructural que es más propio de otras realidades de América Latina.

El período que se analiza abarca el cierre y agotamiento de la fase expansiva del ciclo conocido como neodesarrollista, y el comienzo de una fase de mayor desregulación en la política estatal desde fines del 2015 y comienzos del 2016. En ese marco, este estudio se pregunta por el uso precario de la fuerza laboral y su articulación con la matriz productiva y distributiva vigente en nuestra economía. Nuestra investigación tiene un doble objetivo:

1) Traspasar los límites del análisis simple del indicador de informalidad en su sentido más restringido de un asalariado sin descuento jubilatorio, con el objeto de ampliar la perspectiva y poder abordar así, de manera más integral, el fenómeno de la precariedad laboral. Se trata de superar la visión que asocia informalidad laboral, solo con maniobras ilegales de evasión.

2) Problematizar la conceptualización que goza de mayor consenso sobre la noción de Sector Informal, que concibe a los trabajadores autoempleados de baja productividad, como expresión de mano de obra excedente escindida de las estrategias de explotación capitalista.

El trabajo demuestra que en la fase expansiva de la economía lo que gana dinamismo es la expansión de los asalariados no registrados, mientras que en el periodo de agotamiento la forma de inserción que adopta mayor dinamismo en la informalidad es la autonomización de la relación laboral. No obstante, esta autoconversión de los trabajadores en unidades económicas combina inserciones con distinto tipo de vínculo con el aparato productivo. Estas inserciones autónomas se profundizan en el período 2015-2018 donde su dinámica es claramente superior a las formas de inserción asalariadas. Mientras las primeras crecen un 18,3%, las segundas apenas lo hacen en un 3,3%. Los vínculos productivos entre este sector informal en aumento y las organizaciones económicas de mayor tamaño se explican en los resultados de este trabajo.

Al 2018 el 22,6% de la fuerza laboral se desempeña en el Sector Informal. No obstante, el 9,3% mantiene algún tipo de vínculo con los procesos de producción generalmente tercerizados (comercialización indirecta, construcción, telecomunicaciones, vigilancia, transporte, entre otros. Así actualmente de los 16,5 millones de ocupados, 8,3 millones son informales, de los cuales 6,1 millones forman parte del precariado laboral. Este precariado representa el 74% del empleo informal total y casi el 40% del total de la fuerza de trabajo. Si bien dentro del uso precario de la fuerza laboral continúa siendo dominante el desconocimiento de derechos en la condición asalariada, va ganando terreno la mercantilización de la relación laboral. Si bien en una mirada superficial el precariado evoluciona por debajo de lo que se presenta como Sector Informal, este menor dinamismo obedece al cambio de composición que se está operando al interior de ese Sector Informal y como parte de ese proceso de desasalarización. Del casi millón de empleos informales que tuvieron origen en el período 2008-2018, medio millón tienen que ver con la extensión del precariado, de los cuales 367.000 eluden el vínculo típicamente salarial”.

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